DIEGO PELLEJERO
Primer piloto discapacitado que consigue su licencia de ULM
En 1996, con 20 años recién cumplidos,
sufrí una lesión medular C7 a causa de una zambullida en la playa, al lanzarme
de cabeza desde una roca. Siempre tuve mucho apoyo de mi familia y mis amigos,
y, unido a mis ganas de seguir haciendo cosas, en el año 2000 acompañé a un
amigo a una concentración de parapente. Allí me ofrecieron hacer un vuelo
biplaza y no dudé en decir que sí. Fue en el pico El Sol, en La Camocha
(Gijón). Recuerdo que hicimos varios intentos de despegue, ya que dos personas
tenían que sostenerme en el aire y correr ladera abajo al ritmo del piloto para
coger suficiente velocidad, porque apenas soplaba el viento. Nos caímos unas
tres veces, pero finalmente conseguimos despegar y disfruté de un vuelo de esos
que te enganchan para siempre.

Meses más tarde, acompañando de nuevo a mi
amigo a otra concentración —ya volábamos juntos los biplazas—, me hablaron de
un chico con lesión medular que volaba solo en parapente y fabricaba arneses
adaptados que protegían las piernas y facilitaban tanto la asistencia en el
despegue como el aterrizaje autónomo. Sin pensarlo, me puse en contacto con él
y le encargué uno.
Una vez metido en el mundo del vuelo
libre, fui conociendo a gente del entorno que me invitaba a volar en sus
ultraligeros y avionetas. Poco a poco empecé a interesarme por el vuelo en
ultraligero, ya que, al ser motorizado, no dependía de nadie para despegar,
como en el parapente. Después de varios vuelos como acompañante —y de haber
llevado los mandos en el aire— contacté con el Club de Vuelo Cambre, en A
Coruña, y decidí intentar obtener la licencia.
Acudí a un médico aeronáutico para
conseguir el reconocimiento clase 2. Tras hacer las pruebas y presentar
documentación y fotos de mandos y aviones adaptados que había encontrado en
internet, me dieron el “apto”, ya que el aparato que iba a pilotar, un Tango de
dos ejes, no requería el uso de los pies. Mi primer reconocimiento médico fue
el 12 de noviembre de 2001.
Tras completar las clases teóricas y los
vuelos de instrucción, en agosto de 2004 aprobé los exámenes teórico y
práctico, obteniendo así la licencia de piloto de ultraligero.
Continué volando con normalidad hasta que
en 2005 me hicieron un reportaje en La Voz de Galicia titulado “El
tetraplégico que vuela”. A raíz de aquello, Aviación Civil contactó con el
médico que me había dado el apto y le pidió que me comunicara que no podía
volar. Él respondió que esa notificación debía hacerla Aviación Civil
directamente, pero nunca recibí ninguna comunicación oficial. Sin embargo,
cuando me tocó renovar el certificado médico en 2006, el mismo médico me
explicó que había sido advertido por Aviación Civil de que no podía emitir el
apto hasta que ellos revisaran mi expediente. Finalmente, me comunicaron que no
era apto, a pesar de tener 104 horas de vuelo certificadas.
Presenté un recurso judicial con un
abogado, pero perdí el juicio.
En esa época ya había hecho algunas
pruebas en Ocaña con veleros, con la intención de sacar la licencia de vuelo a
vela. En Predif me decían que el curso no estaba disponible, así
que decidí ir igualmente una semana a Ocaña para volar todos los días, como si
fueran vuelos de divulgación, con el objetivo de aprender. Allí conocí en
persona a Elisabeth, con quien ya había tenido contacto telefónico. Ambos nos
presentamos a la prueba en vuelo con la intención de obtener el reconocimiento
médico necesario. La prueba fue perfecta: pude entrar y salir del avión por mí
mismo y controlarlo sin problema, ya que las maniobras de despegue y aterrizaje
las tenía muy practicadas.
Sin embargo, al recibir la resolución,
Aviación Civil me calificó como “Apto con piloto de seguridad” por una
cardiopatía congénita. Aquello me desanimó bastante, porque tener que volar
siempre acompañado me parecía una limitación absurda: ¿para qué quería una
licencia si quien me acompañara también debía tenerla?
A partir de entonces dejé tanto el vuelo a
vela como el de ultraligero, y seguí practicando parapente libre y paramotor
(había construido un "trike" con el que podía despegar de forma autónoma).
Pero con el tiempo, y por diversas circunstancias, también lo fui dejando.
Actualmente no vuelo, pero continúo con la mirada en
el cielo