4 dic 2012

Resumen 2012 - 2


Nuevo tesorero

El 29 noviembre de 2012 tuvo lugar la Asamblea  anual de Sillas. Se aprobaron las cuentas del ejercicio anterior y se votaron los cargos de  Presidente, Vicepresidente y Secretario para el año próximo (Elisabeth Heilmeyer, Carlos de  Albert y Ricardo Plaza respectivamente), siendo de destacar el nombramiento de Juan Francisco Ibáñez como tesorero.
En ella se expusieron muchas y buenas ideas, algunas de las cueles se convertirán en proyectos.

Resumen 2012 - 1



Una vez  inscrito el Club Deportivo Elemental Las Sillas Voladoras el 28 febrero de 2011, en el Registro de Entidades Deportivas de la Comunidad de Madrid, conseguimos que la FMDDF (Federación Madrileña de Deportes de Discapacitados Físicos) reconociese el vuelo sin motor como Deporte de Discapacitados Físicos, se puede decir esto: ¡De Madrid, al cielo! No sólo porque somos el único club de vuelo a vela de la capital, si no porque no paramos.
Verbigracia:

Carlos y Pedro en el campeonato



Junio 2012 - Nuestro compañero y vicepresidente Carlos de  Albert Ysamat  participó junto a Pedro Berlinches, también miembro del club, en el campeonato Regional de Castilla la Mancha 2012 quedando en una meritoria 4ª plaza.  Para una información más pormenorizada mirad la página Web.

Sergio Muñoz y Lorenzo Jiménez, éste después de superar un laborioso reconocimiento médico en el CIMA, ambos miembros del club, ya tienen tarjeta de alumno. Se convertirán, seguramente en abril de 2013, en los próximos pilotos con algún tipo de minusvalía de este país nuestro, pese a las trabas que aún encontramos.

Elisabeth, nuestra incansable presidenta y excelente piloto, está preparándose para el RETO de batir el récord de altura.

Además, hay un montón de ideas y proyectos que esperan ser llevados a buen puerto.

27 oct 2011

RICARDO PLAZA, MÁS ALAS PARA LAS SILLAS


Una historia que comenzó en julio de 1989 (mucho antes que las personas discapacitadas pudieran sacarse o, soñar siquiera, con la obtención de la licencia de vuelo) concluyó el  pasado 19 octubre de 2011,veintidós años después, cuando nuestro compañero en Las Sillas Voladoras, Ricardo Plaza, consiguió  por fin hacer realidad su sueño de infancia obteniendo la licencia SPL. Ahora ya tiene alas para poder surcar los cielos.

Es tercero de una lista que, esperamos sea numerosa, en conseguirlo.


 

¡Desde aquí le damos la más cordial enhorabuena deseándole buenos vuelos y felices aterrizajes!

24 sept 2011

CARLOS DE ALBERT, otro que rompe moldes




El pasado 26 de abril de este año, nuestro compañero y vicepresidente de Sillas Voladoras, Carlos de Albert, obtuvo su licencia de vuelo. Como muestra de su alegría esta foto donde se refleja.
Ya van dos, ¿Alguien se anima?

31 ene 2011

FUNDACIÓN LESIONADO MEDULAR - ELISABETH HEILMEYER, EL PLACER DE VOLAR

Reproducimos íntegramente el artículo que la Fundación Lesionado Medular le dedicó a la presidenta de Las Sillas Voladoras, Elisabeth Heilmeyer.



       Elisabeth Heilmeyer, el placer de volar

                                                                            31 enero 2011  

Estaba pensando en que ya pronto iba a cumplir cincuenta años —¡qué barbaridad!, yo no me sentía tan mayor—, y preparando mi gran fiesta con todas las personas que habían sido importantes para mí en todos esos años. Para poner en la invitación escogí una frase que siempre consideré muy importante y un poco como el lema de mi manera de vivir:

   «No le puedes dar más días a tu vida, pero a cada día le puedes dar más vida».

Un día caluroso de fin de mayo de 2003 yo acababa de enviar las invitaciones a todos esos amigos importantes para mí, cuando decidí ir a practicar mi deporte favorito:  vuelo sin motor, a un aeródromo en La Mancha. «Venga, vamos a dar el último vuelo antes de que se acerque la tormenta».   

  Dicho y hecho, o sea, un compañero y yo —otro piloto de vuelo a vela—, nos subimos a la aeronave e iniciamos el remolque. Como es sabido, un planeador, al no tener motor, tiene que ser remolcado por una avioneta o por un torno cabestrante, hasta una altura de unos 500m. Entonces se suelta el cable y, con habilidad y la ayuda de corrientes térmicas —bolsas de aire caliente—, el planeador no sólo se mantiene en el aire, sino que se puede lograr que vaya ascendiendo cada vez más, gracias a estas fuerzas increíbles de la naturaleza.

Pues ese día, otro fenómeno físico inexorable, la fuerza de la gravedad, hizo que, debido a un fallo que tuvimos de manera involuntaria, nos acercáramos al suelo con una rapidez vertiginosa. Y se produjo el impacto.

Yo pensé que me mataba, es más, ya me había visto muerta, pues no podía haber sido otro el resultado. De manera que apenas pude dar crédito al hecho de no sólo haber sobrevivido sino, incluso, estar aparentemente bien. El pinchazo que había sentido por un momento en la tripa, no me siguió molestando, así que me dije: «¡Vamos, Elisa, lo más rápido posible, fuera de lo que queda del avión!». Mi compañero ya había salido. Yo, aún incrédula por lo que nos acababa de pasar, pensaba poder hacer lo mismo. Fue cuando me di cuenta que no podía mover las piernas y, ¡horror!, ya no las sentía siquiera.

En ese momento supe lo que me había ocurrido, lo supe y empecé a lloriquear diciendo: «mis piernas, mis piernas». Los compañeros de vuelo, quienes se habían acercado corriendo, me intentaron animar. Después del susto que se habían llevado todos, se mostraron felices y contentísimos de vernos vivos; no era para menos. «Lo de tus piernas, ya verás que se soluciona», me decían. Yo, sin embargo, supe con toda claridad lo que me había ocurrido: acababa de quedarme sin poder caminar. Me quise morir. «Que tonterías dices», me contestaron los que me rodearon, mientras estuvimos esperando a que llegara el helicóptero que me llevó directamente al hospital de Toledo.

Allí el neurocirujano de guardia me confirmó el gran miedo que yo sentía. El diagnóstico fue tajante: paraplejia completa a la altura de la D12. Yo, quien siempre había sido una persona fuerte, que nunca me había asustado de nada, que nunca se me había puesto por delante nada que considerara imposible, que siempre había emprendido cualquier cosa que me propusiera, simplemente porque sí, porque había que hacerlo, de repente me vi sin fuerzas, anulada, aniquilada. No veía la forma de sobrellevar el golpe tan cruel que me acababa de dar la vida.

Yo no paraba de llorar cuando me quedaba sola en la cama, la desesperación que sentía era inmensurable. Un día sábado 31 de agosto, justo a los tres meses del accidente, fue a verme uno de mis mejores compañeros de vuelo. Me miró y yo sabía lo que él pensaba, así que le dije que me llevara al aeródromo de Ocaña, donde yo había pasado tantos hermosos fines de semana dedicándome a mi deporte preferido. Ya que yo seguía con vida, tenía claro desde el principio que quería seguir volando. ¿Por qué no? ¿Qué me lo impedía? Cuando llegamos al aeropuerto, todos mis amigos y compañeros de vuelo allí presentes me dieron una muy calurosa bienvenida. Yo me emocioné mucho, estaba a gusto entre «mi gente», porque eso eran ellos: mi gente.

Luego vino lo mejor: volar. Cuando aquel memorable día despegamos, por primera vez desde mi accidente empecé a sentirme libre y contenta, hasta diría que un poco feliz. A partir de ese momento empecé de nuevo a remontar,  a tener otra vez ganas de hacer muchas más cosas y, por supuesto, a volar todos los sábados que se pudiera. Volar ha sido para mí, y sigue siéndolo, «LA» actividad terapéutica número uno.

Volando en un planeador no te acuerdas de que no puedes andar, no tropiezas con un bordillo ni la falta de un ascensor te deja tirada; ves el mundo desde arriba, en silencio, solo contigo mismo y el universo, y no sientes que tengas limitaciones, como no las tienen los pájaros. Admito que llegar de nuevo a casa, a pesar de las muchísimas ganas que tenía mientras estuve en el hospital, fue muy duro. Fue enfrentarme con una nueva realidad.

La primera vez que me quedé sola un rato, casualmente se produjo un cortocircuito y me quedé sin luz. Llorando fui a casa de la vecina, porque yo no llegaba a la caja de los automáticos. Fue mi primer encuentro con esa nueva realidad que se abría ante mí, para toda la vida. Yo era la única que podía decidir la manera de enfrentarla. Con los meses y en los casi ocho años que llevo en la silla de ruedas, he vuelto a recuperar toda mi independencia posible, he vuelto a vivir sola, aunque me ayudan a hacer las cosas de la casa. Ahora no sólo intento disfrutar al máximo de la vida, es más, la vivo de forma mucho más intensa que antes. Puedo decir otra vez que soy feliz, que me gusta vivir y que quiero hacer todavía muchas cosas más en la vida. Porque la vida continúa.

Elisabeth Heilmeyer Enero 2011

 

24 dic 2010

EL MUNDO - ENTREVISTA A ELISABETH HEILMEYER

Reproducimos íntegramente la entrevista que El Mundo le hizo a la presidenta de Las Sillas Voladoras.

Primera discapacitada con licencia de vuelo sin motor

'En el aire todos somos iguales'

  • Elizabeth Heilmeyer perdió su licencia al quedar parapléjica en un accident

Enrique Merino (Efe) | Ocaña (Toledo) - Actualizado lunes 24/05/2010 17:47 horas

"En el aire todos somos iguales, en el aire no me acuerdo de que no puedo mover las piernas, de un ascensor que no funciona o una rampa que es tan empinada que tengo que pedir ayuda para subirla", afirma Elizabeth Heilmeyer, agarrada a su "velero", enfundada en la chupa de una enfermera de Vietnam y con el brillo en los ojos.

Esta mujer de origen alemán, que lleva 30 años viviendo en España, se ha convertido en la primera persona discapacitada en recibir la licencia para vuelo sin motor en nuestro país, después de siete años de intensa y tenaz lucha.

Elizabeth comenzó su particular "batalla de los cielos" el mismo día en que sufrió, el 31 de mayo de 2003, un accidente practicando, precisamente, su mayor pasión: vuelo sin motor en la Escuela de Vuelo Senasa de la localidad toledana de Ocaña.

En aquel accidente, Heilmeyer quedó parapléjica, mientras que su compañero de vuelo tuvo la fortuna de resultar ileso. Ambos cayeron a tierra cuando falló el mecanismo que impulsaba el aparato, hoy sustituido por el remolque desde avionetas.

Pese a que repite por tres veces que lo pasó "muy mal", Heilmeyer inició su peregrinaje por los despachos de Aviación Civil para recuperar la licencia de vuelo que perdió a raíz del accidente y que al final obtuvo por la única vía que la quedaba ante tantas "reticencias", la judicial.

Paradojas de la vida, la propia Heilmeyer, antes de su accidente, fue testigo de la llegada a la escuela de vuelo de un avión adaptado para que la gente con discapacidad motora pudiera volar. "Me pareció una idea perfecta, pero jamás pensé que algún día podría necesitarlo", afirma.

De hecho, estando convaleciente en el Hospital de Parapléjicos, Heilmeyer aprovechó un fin de semana libre para hacer su primer vuelo desde el accidente, "tan contenta y feliz", y eso le trajo a la memoria los buenos momentos de antes y empezó a mejorar su estado anímico, dice.

'Vivo de forma más intensa'

Las personas con movilidad reducida en tierra "disfrutamos creo que mucho más" en el aire y ahora, afirma, "valoro muchas cosas en la vida, y vivo de forma, sin duda, bastante más intensa".

Empleada en Aldeas Infantiles y hoy colaboradora como traductora por mor de su accidente, Heilmeyer fundó la asociación 'Las Sillas Voladoras' con el objetivo de lograr que las personas discapacitadas puedan obtener la licencia de vuelo.

La asociación tiene hoy 32 socios, de los que una docena son personas con discapacidad y de ellos, Heilmeyer calcula que unos siete quieren obtener la licencia y que, como ella hasta ahora, llevaban años de fútiles intentos ante Aviación Civil.

Heilmeyer dice que "en prácticamente todos los países europeos, y en Estados Unidos la gente con discapacidad motora puede volar, no solo planeadores, sino avionetas, ultraligeros; en Francia incluso hay dos pilotos comerciales parapléjicos".

Estos argumentos no convencieron al principio al equipo de medicina aeronáutica de Aviación Civil, que le daban largas, hasta que Heilmeyer optó por otra vía más resolutiva.

Ella y un amigo abogado y también piloto de ultraligeros y avionetas recopilaron toda la documentación que regula este tema en los otros países e iniciaron un contencioso con Aviación Civil. La solución vino al cabo de casi siete años, cuando a comienzos de este mes recibió por correo su ansiada licencia de vuelo.

Heilmeyer dice que nunca renunció a su empeño, a pesar de que sus amigos le animaban a que se fuera a Alemania, donde obtendría la licencia sin las trabas que le ponían en España, porque afirma que tenía "una obligación moral con este país".

Ahora, tiene muy claro lo que busca desde su asociación: seguir luchando "para que la gente que quiera sacarse la licencia de ultraligeros o de avioneta, o algún día de un avión comercial, le den esa posibilidad", afirma.

 


 

3 jul 2010


La noticia parece que ha tenido eco, salió hasta en las revistas de cotilleo como el Hola